lunes, 30 de marzo de 2020

Confinamiento en los tiempos del coronavirus.

Si todo hubiera transcurrido con normalidad, hoy, estaría en Burriana preparando el Ausart para la salida de mayo.
Pero, lo que nadie podría pensar ha sucedido debido a la pandemia que poco a poco va llegado hasta los más alejados confines del mundo. La pandemia creada por un virus de origen incierto que se ha manifestado en China y que, a falta de una vacuna u otra manera de frenarlo, tiene al confinamiento de la población como única manera de pararlo.

Hoy se cumple la segunda semana de confinamiento. Lo que en un principio parecía como una simple gripe, ha provocado en el día de hoy mas de 6.606 muertes y 80.000 en menos de tres semanas.

Maria, nuestra hija medica que se encuentra
en el frente de esta guerra, a la que animamos
todo lo que podemos.



En casa estamos Pablo, Maripi y yo, sintiéndonos afortunados porque en nuestro caso el confinamiento no nos impide salir al jardín a cuidarlo. Hemos cortado la hierba, que en este tiempo sale con fuerza, hemos podado los frutales y los arboles que conforman el cierre de la finca de nuestros vecinos de Gazteiz y que ya nos estaban impidiendo ver la mar sin problemas.

El gobierno ha decretado dos semanas más de confinamiento, hasta el 11 de Abril y ha paralizado cualquier actividad que so sea esencial, entendiéndose por esencial aquellas que tienen que ver con los servicios sanitarios, producción, venta  y transportes de alimentos y pocos más. Al final de este tiempo se completará un mes entero confinados.

Lauaro, nuestra casa muestra un aspecto estupendo después de los trabajos
que hemos hecho este invierno.



Vivimos asombrados un situación a todas luces surrealista, sin gentes por la calle y sin coches por las carreteras. Libramos una guerra contra un enemigo invisible, con unos soldados, como nuestra hija Maria, que van al frente sin la protección adecuada. Ni que decir tiene que estamos preocupados por ella. España es el país donde más personal sanitario ha caído del mundo en el ejercicio de su trabajo.










Tanto Lucia y Jaime como Maria y Josu inventan actividades para que los niños no se vuelvan locos en casa. 





Afortunadamente para nosotros, el tiempo es fabuloso y la primavera
acude a su cita ajena a lo que el mundo está viviendo
Nadie sabe las consecuencias económicas que el confinamiento va a producir en el mundo. Ninguna buena, seguro, y pienso que la situación va a ser mucho peor que la crisis del 2008. Sin embargo, creo que lo que esta pasando va a enseñarnos muchas cosas y ,sin duda, provocará grades cambios en la manera de conducirnos. En lo que a mi respecta presiento que mi percepción del dinero y lo que se puede hacer con él , va a cambiar radicalmente.


Por si acaso, nos ocupamos de los frutos de nuestro invernadero.

De la miriada de mensajes de whatsapp y facebook selecciono este que me ha llamado especialmente la atención:

Del libro rojo de C.G.Jung (escrito en 1914)

“Tenía que esperar más de 20 días sobre el barco. Hacia meses que esperaba llegar al puerto y gozar de la primavera en tierra. Hubo una epidemia. En Port April nos vetaron bajar. Los primeros días fueron duros. Me sentía como vosotros. Luego empecé a contestar a aquellas imposiciones no utilizando la lógica. Sabia que tras 21 días de este comportamiento se crea una costumbre.
En vez de lamentarme y crear costumbres desastrosas, empecé a portarme de manera diferente a todos los demás.
Antes me puse a reflexionar sobre quienes sufren privaciones cada día de su miserable vida y luego, por entrar en la óptica justa, decidí vencer.
Empecé con el alimento. Me impuse comer la mitad de cuanto comía habitualmente; luego comencé a seleccionar los alimentos más digeribles, para no sobrecargar mi cuerpo. Pasé a nutrirme de alimentos que, por tradición, habían mantenido a los seres humanos saludables.
El paso siguiente fue unir a esto una depuración de pensamientos malsanos y tener cada vez más pensamientos elevados y nobles.
Me impuse leer al menos una página cada día de un argumento que no conocía.
Me impuse hacer ejercicios sobre el puente del barco.
Un viejo hindú me había dicho años antes, que el cuerpo se potenciaba reteniendo el aliento. Me impuse hacer profundas respiraciones completas cada mañana. Creo que mis pulmones nunca habían llegado a tal capacidad y fuerza.
La tarde era la hora de las oraciones, la hora de dar las gracias; a una entidad cualquiera por no haberme dado, el destino, privaciones serias durante toda mi vida.
El hindú me había aconsejado acostumbrarme a imaginar, la luz entrar en mí y hacerme más fuerte.
Podía funcionar también para la gente querida que estaba lejos; integré esta práctica en mi rutina diaria sobre el barco.
En vez de pensar en todo lo que no podía hacer, pensaba en lo que habría hecho una vez bajado a tierra. Visualizaba las escenas cada día, las vivía intensamente y gozaba de la espera.
Todo lo que podemos obtener en seguida, nunca es interesante. La espera sublima el deseo y lo hace más poderoso.
Me había privado de alimentos suculentos, de botellas de ron, también de tacos e imprecaciones.
Me había privado de jugar a las cartas, de dormir mucho, de ociar, de pensar solo en lo que me habían quitado.

“¿Cómo acabó capitán?”

“Adquirí todas aquellas costumbres nuevas. Me dejaron bajar después de mucho más tiempo del previsto".

“¿Os privaron de la primavera entonces?”


“Sí, aquel año me privaron de la primavera y de muchas cosas más, pero yo había florecido igualmente, me había llevado la primavera dentro, y nadie nunca más podrá quitármela"


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