domingo, 29 de julio de 2018

Sada y Betanzos.

 


Permanezco en Sada un semana larga, a la espera de la llegada de Maripi, que se ha animado a venir con el coche. Tengo ganas de verla para compartir con ella la belleza de Galicia, su gente y su comida.

Fuera, una borrasca reciente expresa su presencia con vientos fuertes del SW . El "cambio climatico" no consigue que las borrascas dejen de comportarse como siempre obsequiándonos, inicialmente, con vientos de componente SW para luego rolar a NW. Esta es la situación ideal para volver a casa, a Euskadi; recuerdo en otro tiempo, en el que con Jon Leizaola, Lutxo y otros amigos, a bordo del North Wind, esperábamos en La Coruña pacientes la llegada de la borrasca que nos haría volar por Prior, Ortegal y la Estaca de Bares, para luego con el role al NW llevarnos sin descanso hasta Getaria, nuestro puerto, al que llegaríamos, sin poder disimularlo, con una sonrisa de oreja a oreja.




Bajamar en Sada.
Maripi en Betanzos.




Pero ahora, que mi objetivo es ir hacia las Rías Baixas, este viento me aconseja esperar. Como dice mi amigo Pablo Borde: "nunca hay mal tiempo para el navegante paciente".

Maripi y yo visitamos Sada y el Pazo de Meirás, residencia de verano del dictador Franco y el azar nos lleva a toparnos con el Centro de Ceramica de Sagardelos que está cerquita y que hacen una cerámica que resurje con fuerza después de que la nueva gerencia haya podido meter mano a viejos hábitos sindicales que hacían la empresa reiteradamente inviable. Allí mismo tenemos la oportunidad de visitar una exposición de arte contemporáneo gallego, que resulta ser un regalo inesperado. Además, tenemos la oportunidad de ver una fantástica exposición de dibujos del padre del nacionalismo gallego, Castelao. Dejamos la exposición encantados. Galicia es mucho más que sus paisajes y su marisco y lo que acabamos de ver muestra bien a las claras de la enorme actividad artística y cultural  que aquí existe a nada que se escarbe un poco en su superficie.

Visitamos también Betanzos,  Lugo, Santiago y A Coruña. Todo ellos emplazamientos hermosos llenos de historia, tradición y belleza.

El viento del SW sigue soplando. Y Jesús parece que se anima a acompañarme a Muxía cuando el viento role al NE. Mientras aprovecho para limpiar a fondo el barco y colocar la banda anti UV del genova que en Cadenote me repara Bea.



La Ría de Betanzos.Abajo, las embarcaciones toldadas que las cuadrillas
utilizan para la romería, que se hace rio arriba, en fiestas de San Roque.













Maripi dando buena cuenta de una ración de zamburiñas.
El puto frigo sigue dándome problemas. Cambio el termoestato
y un amigo de Jesus comprueba la carga de gas y el equipo, en general.
Montones de barcas que han remontado el río y se detienen al borde del prado. Son barcas preparadas para la fiesta, con mesas centrales y banquitos a los lados, y llenas de comida y bebida, donde no falta la famosa y casi líquida tortilla de Betanzos








Gracias a la intermediación de Pedro Varela, amigo de Jesús, ocupo el amarre de un amigo suyo que ha tenido un problema con el timón de su barco y que, por lo tanto, me resulta gratis. 















En el puente de Betanzos.
Lo agradezco, mucho. Pedro es un tipo simpático que ya tiene su jubilación y que aspira a cambiar su barco por uno más amplio que le permita hacer crucero.



Se sabe que la jubilación es el ámbito propicio para materializar los sueños. No en vano uno se pasa la vida soñando sobre lo que se va a hacer cuando queda eximido de las obligaciones laborales que resultan ser necesarias para vivir y que en el caso de los amantes de la mar, casi siempre se concreta en disponer de tiempo para navegar, libremente. 
O por lo menos, dentro de los limites que te pone tu estado físico, tu salud o sencillamente, tu animo.

No hay futuro. El FUTURO, con mayúsculas se ha convertido, sin uno darse cuenta, en el presente. Ya no se pueden aplazar más las cosas y es hora de abordar la materialización de esos sueños, sin dilación ni demora.



Y yo, en eso estoy. Sin prisas, pero sin pausa iré dando los pasos necesarios para encontrar lo que busco, utilizando la navegación y el transporte publico para vivir la experiencia de encontrarme con la gente de otros lugares, los espacios hermosos y con la paz.





domingo, 22 de julio de 2018

Rumbo a Sada.

En Cedeira me quedé un día más porque el tiempo era realmente pestoso.
Espero al buen tiempo y a Jesus que me acompaña hasta Sada. hace mucho que no navego con él y la travesía , aunque corta, es satisfactoria con un viento de 25 nudos del NE que nos lleva en volandas hasta el puerto de Sada. Vamos a 8,9,10 nudos sin pestañear gozando del privilegio de poder salir el día que te conviene. Privilegio que solo dispone la gente que tiene tiempo. La gente..... como yo¡¡¡.

Siempre es un placer navegar con Jesus, sobre todo
cuando hay un poco de viento, como hoy. 



El pueblo de Cedeira es más accesible por carretera que Ortigueira. Aquí se observa una mayor actividad turística y pesquera y tanto el comercio como la hostelería estan mas desarrollados. 

La bahía es  muy abrigada y  espaciosa. No hay instalaciones para los barcos deportivos. Se ve que la presión de los pescadores es grande y no desean que parte del enorme espacio existente se dedique a la plaisance. En cualquier caso hay bastantes barcos fondeados. Barcos que suben o bajan siguiendo los sueños de sus armadores, algunos de vuelta del mediterráneo y otros que van hacía allí, entre los que me encuentro.
No cabe duda, en el sur el tiempo es mejor y las posibilidades de pasar días, semanas y meses tranquilos, son muchas, pero dudo mucho que me encuentre lugares tan hermosos como los que he conocido en las Rias Altas.






Navego con Jesus desde que tenía 16 años. Su pasión por la mar le llevó a dedicarse profesionalmente a la construcción de barcos, cosa que hizo con mucho éxito durante años. Nacido en Zumaia fue compañero de viajes por el Golfo de Gascoña y sur de Bretaña antes de marcharse a Galicia para fundar una familia. Nunca olvidaré las largas cabalgadas sobre las olas del norte ni los expresivos silencios que nos acompañaron durante mucha millas. Visitamos, con frecuencia la Bahía de Quiberon, Vannes,Belle Ille, Ille de Groix, Benodet y Concarnau, Ille de Yeu, Noirmotier y La Rochelle. Fueros años que con el North Wind pudimos descubrir la navegación y el placer de conocer lugares bellísimos accediendo por mar. Aquellas millas que hicimos juntos consolidaron una amistad que ha perdurado a lo largo del tiempo y la distancia.






Hoy es un día de reencuentro con él. Jesús a bordo del Ausart demuestra su capacidad de navegante y el amor que siempre tuvo por el mar.





Hace buen tiempo.El viento del NE sopla aquí, en el Cabo Prior con fuerza.

Llegamos a Sada pronto. Hemos pasado Prior y Priorino como una exalación. El largo dique de abrigo de Ferrol por barbor y la Ría de Betanzos, a donde vamos en nuestra proa. El viento aquí arrecia y podemos ver puntas de 30 nudos que llega por la aleta de babor con un sol esplendido.
A medida que nos introducimos en la ría la calma se va imponiendo. Sada en la Proa.

viernes, 20 de julio de 2018

Cedeira.

Salgo de la ensenada de Ortigueira sin problemas. He bajado despacio, tratando de asimilar la belleza y soledad de este entorno. Pienso en las Rías Altas y lo injustamente desconocidas que son. La poca garantía de buen tiempo las preservará de las garras del turismo invasivo y despersonalizante. El turismo es una fuente de recursos engañosa. Aparentemente beneficia-sobre todo a la hostelería-,pero a medio y largo plazo se vuelve contra los lugareños que encuentran, al poco tiempo, que todo es mas caro y sobre todo la vivienda en aquellos lugares de turismo masivo.

Aquí todavía te encuentras a gente que aspira legítimamente  a disponer de mayores recursos y a visitantes que huyen del calor y del mundanal ruido para comerse una buena ración de puntillas por 10 euros.
En Ortigueira me ha resultado especialmente barata mi visita al mercado. Las cosas de comer son baratas- sobre todo la carne de cerdo- y el pequeño mercadillo que se montó el jueves estaba lleno de cosas interesantes a muy buen precio. El holandés sabe muy bien lo que se hace.

No hay mucho viento a pesar de encontrarme en Cabo Ortegal. Atrás, por la aleta babor queda Cariño con mis buenos recuerdos. Pongo el motor.
Hacia eso de las 15:00 llego a Cederia. Allí vive Maria con su holandés errante Peter que me han invitado a cenar en su casa.
Fondeo en el medio de la bahía, junto con otros barcos de diversas nacionalidades.
Aquí estuve hace un par de años a la vuelta de Sada, con Fernando y su Macroll. Es un lugar protegido que merece la pena visitar.
Me pongo en contacto con Jesus, que vive en Sada, por si quiere venir ha hacer la etapa de Sada. Quiere.





El Cabo Ortegal y el trazado que hice hasta Cedeira. Faltó el viento pero el día fue esplendido.








La bahía de Cederia donde fondeo.


El Ausart, tranquilo, levantando imagen.


Maria y Peter que amablemente me invitaron a cenar, desde su terraza.
Vista de la bahía de Cedeira desde la terraza.

jueves, 19 de julio de 2018

Ortigeira

Ortigeira y su ensenada bien merece un apartado especial. El acceso fue bien. Un poco justo para mi gusto pero teniendo en cuenta que todavía quedaba un par de horas largas para la pleamar, el paso por la Isla de San Vicente y frente a la enorme playa de Morouzos, resultó perfecta. En el interior seguí escrupulosamente el trazado de la carta Navionics. Recodos de mucho calado se alternaban con otros de poco. las balizas ayudaban, pero no siempre ya que algunas estaban movidas y creaban confusión. En ningún momento me sentí preocupado, iba subiendo a escasos 4 nudos ayudado por la marea y si llegara a tocar, lo haría a poca velocidad y con la marea subiendo.
Poco a poco voy llegando al puerto deportivo de Ortigueira que otrora estaba gestionado por un club que desistió por desacuerdos con la Xunta. Ahora no lo controla nadie salvo un funcionario que pasa los miércoles, por si hay novedades.




















Me amarré en la "T" de uno de los pontones. La tranquilad es total y me siento feliz y satisfecho de haber llegado sin problemas. Disfruto del momento.
El pequeño puertito de Ortigueira,
Pronto contacto con un vecino holandés que vive  a bordo de su barco de 14 metros, cuya pareja Maria me pone al corriente del funcionamiento de todo. Unas cervezas mas tarde, el holandés me dice que después de haber recorrido medio mundo ha decidido que Ortigueira es el mejor sitio para pasar su jubilación y el resto de su vida.
Trato de mantener una distancia prudencial con él. Conozco a los holandeses y sé que no dan puntada sin hilo. Se porqué lo digo.


Voy al pueblo a comer algo y vuelvo pronto. Decido que voy a quedarme unos días. Este es un sitio que merece la pena conocer. Realmente la ensenada me ha impresionado y quiero verla a fondo con marea baja. 


No hubiera llegado aquí sin las cartas Navionics.
Agradecido les envio un e mail que me responden amablemente. 


Por la mañana me encuentro un puñado de cascaras de mejillón sobre el pantalan a la altura del Ausart. Maria me explica que son unas martas de la ensenada que se las comen por la noche. Me parece increíble pero tiene toda la pinta de ser cierto.

Me entero que hay un circuito que bordea a la ensenada y aprovecho la marea bajante para recorrerlo. No tiene desperdicio. El valor naturalistico de todo este ámbito, salta a la vista. La marea baja propicia que haya mucha gente mariscando. Hay aves limícolas por todo los lados y el paisaje es espectacular.









El espectacular cementerio de Ortigueira, tiene unas vistas increibles.

Con la marea baja se puede observar que el canal de transito para las embarcaciones es muy estrecho, razón por la que en cuanto te salias del trazado, el calado disminuía rápidamente.



Playa de Morouzos. Hay que atravesarla longitudinalmente para acceder a la ensenada.

Todo este entorno promete y deseo conocerlo a fondo. 

Cerca de la playa de Morouzos conozco a dos chicas madrileñas, Pepa y Gema que trabajan en el Thyssen y el Matadero de Madrid, con las que hago migas enseguida. Comemos juntos y quedamos para el día siguiente a andar por la costa que se dirige a la Estaca de Bares.


Puerto de Esposende

El banco del fin del mundo. Quizás lo llamen así porque está en el culo del mundo.
Lo cierto es que se ha convertido en un lugar de destino y un atractivo turistico,
que a decir verdad tiene mucho que ofrecer.




Mis amigas Pepa y Gema. Debo de reconocer que me ha venido bien pasear y charlar con ellas.
Quizás llevaba demasiados días haciéndolo únicamente conmigo mismo.


Al día siguiente nos dimos una buena paliza, pero mereció la pena. La visión desde tierra de esta abrupta costa, sobrecoge. Llena de rocas y farallones, la mar agitada provee de lo nutrientes necesarios para que se den bien los percebes. El día es bastante tranquilo, pero aún así, la mar llena de espuma los recovecos de las rocas.

Ortigeira es un pequeño pueblo situado fuera de los circuitos habituales del turismo. Sin embargo aquel que desee tranquilidad y un entorno natural espectacular, encontrará aquí, sin lugar a dudas un lugar lleno de encanto. Sus amables habitantes lo agradecerán.


Mañana saldré con la marea para ir a Cedeira.