La decisión de salir temprano, aunque arriesgada, me ha permitido ahorrar mucho tiempo. La marea bajaba con fuerza y aunque desayuné tranquilo no pude evitar una cierta inquietud. Creo que si me hubiera retrasado un poco más no podría haber evitado tocar en un bajo arenoso justo en la confluencia del canal de Figueras con el de Ribadeo, justo a 10 metros del puente.
Fuera no hay viento pero si los restos de la marejadilla de la víspera. Vivero está a menos de 30 millas y el tiempo es bueno. Estoy en Galicia y mi objetivo principal es conocerla, en la medida de lo posible, a fondo. Por babor van quedando el puerto de Foz, Burela y San Ciprian, en cuya parte exterior hay varios cargos fondeados y conocidos para mi que esperan su turno para descargar la bauxita que normalmente viene desde Guinea y que es la materia prima necesaria para la fabricación de aluminio y que aquí, en San Ciprian se fabrica en gran cantidad y calidad. Grandes chimeneas humeantes indican que la actividad industrial es grande y en este lugar queda poco espacio para la lirica.
Pronto paso el Cabo Roncadoiro para adentrarme en la ria de Viveiro, en cuyo municipio estuve un par de años atrás cuando llegué agotado, de noche, a la vuelta de Sada después de una dura navegación en ceñida que no olvidaré fácilmente.
| Fondeo frente a la Pria de Area detrás de la isla de mismo nombre. No hay nadie salvo un barco inglés que al parecer lleva varios días, allí fondeado. |
| Al día siguiente cambio de vista de fondeo y me desplazo frente a la Praia de Candás. Frente a Vivero. |
Accedo a Vivero con la zodiac por el puerto deportivo. Es la primera vez que toco tierra desde Avilés. Hago compras, no muchas, y me paseo por la orilla de la ría. Vuelvo al barco a comer y después, decido explorar al máximo la ría hasta donde ya no pueda subir más. El paseo es espectacular y me recuerda a los que en otras rías he hecho a lo largo del tiempo. Rias como la del Urola o la de San Vicente la Barquera.
Las rías tienen su peculiar hábitat, los cultivos, las aves que se pueden observar y sobre todo los enormes arboles que en las orillas ayudan a estabilizar el cauce, ofrecen normalmente un ambiente silencioso y calmo cuando transcurren por zonas alejadas de las carreteras y núcleos urbanos. Se respira paz.

Cuando llego al limite paro el motor y me dejo arrastrar por la corriente para disfrutar del silencio y comprender, sin prisas, las leyes de las corrientes, como se forman los cauces y porqué.
Restos de embarcaderos, costillares de embarcaciones abandonadas en otro tiempo, troncos de arboles secos varados en los recodos conforman el decorado añadido del ahora río.
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