martes, 7 de agosto de 2018

Hacia la Ría de Arosa.



Dejo Muros con una agradable sensación. Es un pueblo/ciudad hermoso en el que se podrían pasar bastantes más días de los que hemos pasado. Buen fondeadero, el abrigo que ofrece a casi todos los vientos, hace que la escala merezca la pena.
Cuando levanto el ancla para salir saco al mismo tiempo una gran bolsa de basura que indica que pueden haber habido practicas inconfesables en algún momento. Espero que ahora no lo hagan.

La idea es quedarme en la Rias Baixas en algún lugar que estando protegido nos permita utilizarlo como base y visitar el resto de rias: Arousa, Pontevedra y Vigo. Hay mucho que ver y tenemos casi un mes entero para hacerlo.

Definitivamente opto por ir a Rianxo. Un pueblito con una marina recogida que puede servirnos para ese objetivo.

El viento sopla del norte, ya la travesía la hago sin problemas. La alta definición que me brindan las carta Navionics me anima a meterme por atajos que no tomaría en otro tiempo. Me dirijo hacia la Punta Corrubedo y pronto puedo ver al través su enorme playa de arenas blancas. Voy atento a los inmurables bajos que hay en la zona y busco y encuentro un canal entre tierra y las Islas Sagres, poco antes del puerto de Aguino. El viento ahora está de través y voy a gran velocidad entre piedras hacía el paso de Sargo que está bien señalizado. Al Sur Illa Vionta y Salvora. Ya estoy en la Ría de Arousa.






Cuando he estado por aquí navegando ha sido, generalmente, corriendo la regata de las Rías Baixas , cuya organización evita realizar recorridos en los que los bajos y rocas puedan suponer un peligro real para la navegación. Nunca había pasado por un lugar como este. Tengo algún velero que me sigue por la popa. Al parecer le doy confianza mientras yo solo confío en Navionics y en el GPS.

lunes, 6 de agosto de 2018

La Ría de Muros.









Decidimos conocer la Ría en profundidad. Su aspecto es sugerente y nos dirigimos como primer destino la Punta de la Agueira, que dispone de un estupendo fondeadero frente a una concurrida playa. Hacía el Oeste hay una pequeña ex-isla, a la que se accede por un pequeño puede de cuatro ojivas y en la que hay una pequeña urbanización de algún afortunado que se habrá pasado ,media vida litigando con el estado para poder consolidad lo que allí tiene..


Fondeadero de Freixo. Lugar donde pasamos
 una noche que pudiendo ser idílica, no lo fue
por el tremendo ruido que montaron quienes
 organizaron la musica hasta las siete de la
mañana.



Hace calor y los baños desde la bañera del Ausart son continuos. Parece mentira que estemos en Galicia con este calor. Estamos tranquilos disfrutando del privilegio de estar aquí en la Ría de Muros, conscientes de que vivimos un sueño en el que se combina la mar, el barco,el lugar y la comida.






Portosin es una aldea que está enclavada en el municipio de Portoson y que dispone de una marina, donde muchos extranjeros dejan su barco para hibernar.
Decidimos pasar la noche frente al arenal de La Misela. Al fondo Noia, que es una ciudad importante de 34.000 habitantes y que da nombre a la Ría. Con un casco histórico que merece la pena, aparentemente permanece alejada de la influencia del turismo, lo que nos permite tomarnos unos ribeiros y alguna que otra ración de zamburiñas a un precio muy razonable.

La influencia de la ría es notable y son diversos los canales que penetran hasta el municipo. La marea baja deja ver restos indeseados de vertidos y cosas feas.

Volvemos al Ausart para pasar la noche en una calita de ensueño cerca de Portosin. Cenamos y contemplamos el cielo estrellado antes de irnos a la cama. A eso de las doce un ruido estridente, que alguien considerará música, nos despierta para tenemos así hasta las siete de la mañana.

Por la mañana volvemos a nuestro fondeadero de Muros. Nuevos paseos y visita al mercado donde una pescatera nos regala un boyarín para preparar un orinque para mi ancla. La mar se vive intensamente en el municipio y comprar pescado es un ejercicio que me atrae especialmente.

domingo, 5 de agosto de 2018

De Muxía a Muros.


Imagen relacionada

Jesús se volvió enseguida a Sada. Al disponer de coche, Maripi y yo nos dimos unos buenos paseos por el entorno, pudiendo comprobar que el paisaje, que ya conocíamos de anteriores ocasiones, apenas había cambiado. Galicia sigue estado profundamente vinculada al sector primario. El mundo rural tiene una fuerte presencia y son miles las aldeas y pueblecitos donde se pueden observar estampas más propias de otros tiempos: labradores con parejas de bueyes y mujeres con burros cargados de hierba que van por los arcenes de las carreteras secundarias.

No obstante se ve, a diferencia de antaño, que las construcciones están acabadas y mucha de las casas de campo se encuentran restauradas. Algunas de ellas, con dudoso gusto.

A pesar de todo, la fuerza del paisaje y su belleza en Galicia  puede con cualquier intervención contemporánea humana por fea que esta sea.

Salgo de Muxía para Muros con buen viento del NE y tiempo soleado.
Navego solo y con el viento de popa sin spy. Doy un bordo hacía afuera para después trasluchar y pasar Finisterre con holgura.
Al poco, una espesa niebla lo cubre todo y tengo la impresión de que no veo mucho más allá de la proa. Sé que es una impresión.
La niebla es un fenómeno que se da con mucha frecuencia en Galicia. Tiene diferentes causas, pero el tipo de niebla que hoy estoy padeciendo está producida por corrientes de aire frío que se desplazan de mar a tierra para equilibrar la diferencia de temperatura entre la superficie terrestre y el océano. El aire en contacto con el agua se va enfriando y cargando de humedad hasta que condensa. Resulta difícil de predecir porque su formación depende de muchos factores y por ello, en muchas ocasiones, suele coger a los gallegos en la playa. Y a mi frente a Finisterre. Lamento no disponer de AIS. trato de convencerme de que las probabilidades de encontrarme con otro barco son mínimas, ya que navego por las aguas interiores que se encuentran entre tierra y el canal de navegación de Finisterre, a más de 20 millas fuera. 
Sigo navegando hacía afuera tranquilo pero atento. Bendito GPS. Cuando considero que estoy sobre la layline de Finisterre, traslucho con cuidado y doy rumbo hacia la Ría de Muros, dejando margen suficiente al cabo para evitar sustos.

El viento sigue soplando con fundamento y el Ausart, ajeno a mis cabalas, navega ligero.

Nadie que no haya conocido los tiempos de navegación sin GPS puede tener una conciencia clara de lo que supone conocer la posición precisa en un día de niebla cerrada con un pequeño aparato que se lleva en el bolsillo o como reloj.

Un conocimiento, que a lo largo de la historia de la navegación ha sido uno de los quebraderos de cabeza más grandes de los marinos, armadas y países, y que suponía que quien fuera capaz de situarse en la mar a través de complejisimos cálculos, era considerado un ser superior. 

Ahora está al alcance de la mano de cualquiera. Se ha banalizado tanto la navegación que todo parece sencillo y fácil y un niño puede situarse sin problemas en cualquier momento y en cualquier sitio, sea mar o tierra. 
Son los tiempos actuales que han contribuido, además, a popularizar la navegación, cosa esta que no está nada mal.

Pero como se suele decir, si algo malo puede pasar, puede pasar, y no mucho tiempo después veo una débil sombra por la proa que poco a poco va adoptando la forma de lo que es, un velero que con un rizo en la mayor venía del sur a rumbo de colisión. Arribé un poco para pasar por su proa y sin problemas, su atento patrón y yo nos saludamos aliviados y conscientes de que habíamos evitado una colisión segura con un potente impacto de sus 6  y mis 8 nudos.

Pienso que tenía que haber montado un sistema AIS antes de salir. No garantiza que todos los pequeños barcos con los que te puedes cruzar lo lleven , pero es mucho más que nada.





En cuanto me acerco al cabo, la niebla va desapareciendo dejando paso a un radiante sol que consigue que todas pequeñas gotas de agua que la componía desaparecieran como por encanto. El paisaje es sugerente y a medida que Finisterre queda por la aleta de babor, va bajando también la mar y el viento.
Soy consciente que dirigiéndome directamente a Muros me voy a dejar una infinidad de lugares por ver, ensenadas como la de Langosteiro, Sardineiro o Corcubión. Lugares que no conozco desde el mar y que sin duda trataré de visitar cuando vuelva de mi periplo por el Mediterraneo.
Ahora me desplazo rápido hacía Muros, donde Maripi me indica que hay un buen fondeadero, en el que hay varios barcos fondeados.


El buen fondeadero de Muros, que lo tuvimos como
basse para explorar la Ría de su mismo nombre.
Puerto de Muros, en el tomamos tierra con la zodiac.

Plato tipico de raso, que es barato y rico. La carne de cerdo
y el pimentón son los protagonistas. 
Punta de Agueira, donde hay un buen fondeadero frente a una concurrida playa.


En la Ría de Muros el calor en enorme. Solamente los continuos baños que nos damos ayudan a sobrellevarlo.El agua estñá a 27º y la temperatura ambiente es de 32º.
El puerto deportivo y pesquero de Muros.

Muros es una cuidad, que no pueblo, de apenas 8.000 habitantes con un casco antiguo: fundado en el siglo X, mantiene las viviendas tradicionales de los marineros y la arquitectura noble, como la plaza de la Peixería Vella. Los barrios marineros se forman con las casas, compuestas por bajos con arcos de medio punto alternándose con arcos apuntados, donde antiguamente se apilaban las cajas con el pescado.
La Iglesia Parroquial de Muros, de estilo gótico. Este templo constituye el edificio religioso más importante de la villa y anteriormente se conocía como la Colegiata de Santa María del Campo. Fue mandado construir por D. Lope de Mendoza en el siglo XIV. En el exterior reluce una torre campanario barroca del año 1757 que presenta una balaustrada pétrea en el cuerpo de las campanas, además de un pórtico cubierto que se sitúa sobre la entrada principal. La imagen más venerada por el pueblo muradano se encuentra también en esta iglesia. Se trata de una imagen del Cristo de la Agonía, que es una representación barroca de Cristo, en la que se refleja una gran expresión de sufrimiento.
El Muíño de Maré do pozo de Cachón, un antiguo y enorme molino construido en el primer tercio del siglo IX y que aprovechaba la energía de las mareas. Es uno de los más grandes de España.

La Iglesia parroquial de Pedro.

Mi chica, contenta.













sábado, 4 de agosto de 2018

Muxía


 Finalmente el viento de NE aparece  y decido salir hacia Muxía. El día promete y Jesus me acompaña gustoso, a pesar que no tiene fácil conciliar la travesía con sus compromisos laborales.
El Ausart está listo y su genova tiene el aspecto de "casi nuevo".



A medida que transcurre el día y el viento aumenta y las txampas en las crestas de las olas nos recuerdan lo divertida que puede llegar a ser ser la navegación a vela. Al través la Torre de Hercules y para cuando llegamos a las Sisargas el viento noble y seco de NE, llega ya a los 25 nudos.




La Torre de Hercules a nuestro paso.





El Cabo Vilan ( Villano), imponente, nos recuerda que estamos a la puerta de la Ría de Camariñas, justo después de los peligrosos bajos de Las Quebrantas, que superamos sin incidentes.




Poco queda de la Muxía que conocí en el  año 81 cuando un grupo de amigos nos embarcamos a bordo del Kili-Kolo, un Jouet 920 que adquirimos en sociedad Julian y yo. Entonces el objetivo fue el de visitar una cetarea para la cría del bogavante y la ostra que habían montado la gente de Angulas de Aguinaga en una cala  de la ría de Camariñas llamada Merexo. Teníamos poca experiencia pero quienes allí estuvimos guardamos un agradable recuerdo del viaje.


Entonces Muxia era solo una pequeña aldea de pescadores. Nada que ver con el aspecto que ofrece en la actualidad con sus casas renovadas y sus calles de  pavimento de hormigón armado, cosa insólita que indica bien a las claras que el accidente del petrolero Prestige, no solo creó un enorme impacto medioambiental sino que supuso un enriquecimiento para muchas personas y ayuntamientos que se beneficiaron de las ingentes cantidades de dinero que aquí metió el gobierno del PP, sin mirar demasiado a quien se lo daban. Tan es así que a más de uno he podido oír decir que ojalá hubiera otro accidente como aquel. ¡¡Resultó ser un chollo, para muchos.¡¡¡ Pais....




Paseamos por el pueblo y su entorno. La permanente presencia de la mar y los oficios a ella vinculados es una constante. El bellísimo paisaje y la tranquilidad del puerto, me hacen pensar en lo acertado de la escala.


Maripi en el monumento que la empresa de seguros Aegon encargaría al conocido escultor burgalés Alberto Bañuelos-Fournier. Se llama " la herida" y simboliza la tragedia que, para algunos, supuso para esta zona, llamada "zero" el hundimiento del Prestige. Otros se forraron, literalmente.

Foto en la terraza de la iglesia de la Virjen de la Barca. Al fondo, el Cabo Vilan.


Al norte de donde estamos, observo Camariñas. Un pueblito en el que hemos estado en varias ocasiones y que recuerdo por la maravillosas sardinas que me comí en una taberna del puerto y los trabajos de encaje de bolillos que hacen muchas mujeres de la villa y que, al parecer, es costumbre que arraigó hace mucho tiempo aquí, seguramente por el legado que dejó alguna pasajera de algún barco naufragado de origen ingles en el siglo XIX. 

La inquietud que me ha entrado por llegar cuanto antes a las Rías Baixas y los vientos favorables, han impedido que me quedará un par de días más en esta ría. Ahora lo lamento. Visitamos la cala de Merexo, donde poco queda de aquella moderna cétarea que pudimos ver hace mucho y en su lugar hay un vivero donde venden centollos, bueyes y cosas por el estilo. De vez en cuando los medios dan noticias de descargas de sustancias ilegales, que tan frecuentes son el complejo entramado de calas y playas de la Rías de Galicia.






El puerto deportivo de Muxía. Pequeño, bonito y barato y tranquilo.


Dos señoras se refrescan tranquilas en las escaleras del Puerto de Muxía. Me permiten fotografiarlas.

domingo, 29 de julio de 2018

Sada y Betanzos.

 


Permanezco en Sada un semana larga, a la espera de la llegada de Maripi, que se ha animado a venir con el coche. Tengo ganas de verla para compartir con ella la belleza de Galicia, su gente y su comida.

Fuera, una borrasca reciente expresa su presencia con vientos fuertes del SW . El "cambio climatico" no consigue que las borrascas dejen de comportarse como siempre obsequiándonos, inicialmente, con vientos de componente SW para luego rolar a NW. Esta es la situación ideal para volver a casa, a Euskadi; recuerdo en otro tiempo, en el que con Jon Leizaola, Lutxo y otros amigos, a bordo del North Wind, esperábamos en La Coruña pacientes la llegada de la borrasca que nos haría volar por Prior, Ortegal y la Estaca de Bares, para luego con el role al NW llevarnos sin descanso hasta Getaria, nuestro puerto, al que llegaríamos, sin poder disimularlo, con una sonrisa de oreja a oreja.




Bajamar en Sada.
Maripi en Betanzos.




Pero ahora, que mi objetivo es ir hacia las Rías Baixas, este viento me aconseja esperar. Como dice mi amigo Pablo Borde: "nunca hay mal tiempo para el navegante paciente".

Maripi y yo visitamos Sada y el Pazo de Meirás, residencia de verano del dictador Franco y el azar nos lleva a toparnos con el Centro de Ceramica de Sagardelos que está cerquita y que hacen una cerámica que resurje con fuerza después de que la nueva gerencia haya podido meter mano a viejos hábitos sindicales que hacían la empresa reiteradamente inviable. Allí mismo tenemos la oportunidad de visitar una exposición de arte contemporáneo gallego, que resulta ser un regalo inesperado. Además, tenemos la oportunidad de ver una fantástica exposición de dibujos del padre del nacionalismo gallego, Castelao. Dejamos la exposición encantados. Galicia es mucho más que sus paisajes y su marisco y lo que acabamos de ver muestra bien a las claras de la enorme actividad artística y cultural  que aquí existe a nada que se escarbe un poco en su superficie.

Visitamos también Betanzos,  Lugo, Santiago y A Coruña. Todo ellos emplazamientos hermosos llenos de historia, tradición y belleza.

El viento del SW sigue soplando. Y Jesús parece que se anima a acompañarme a Muxía cuando el viento role al NE. Mientras aprovecho para limpiar a fondo el barco y colocar la banda anti UV del genova que en Cadenote me repara Bea.



La Ría de Betanzos.Abajo, las embarcaciones toldadas que las cuadrillas
utilizan para la romería, que se hace rio arriba, en fiestas de San Roque.













Maripi dando buena cuenta de una ración de zamburiñas.
El puto frigo sigue dándome problemas. Cambio el termoestato
y un amigo de Jesus comprueba la carga de gas y el equipo, en general.
Montones de barcas que han remontado el río y se detienen al borde del prado. Son barcas preparadas para la fiesta, con mesas centrales y banquitos a los lados, y llenas de comida y bebida, donde no falta la famosa y casi líquida tortilla de Betanzos








Gracias a la intermediación de Pedro Varela, amigo de Jesús, ocupo el amarre de un amigo suyo que ha tenido un problema con el timón de su barco y que, por lo tanto, me resulta gratis. 















En el puente de Betanzos.
Lo agradezco, mucho. Pedro es un tipo simpático que ya tiene su jubilación y que aspira a cambiar su barco por uno más amplio que le permita hacer crucero.



Se sabe que la jubilación es el ámbito propicio para materializar los sueños. No en vano uno se pasa la vida soñando sobre lo que se va a hacer cuando queda eximido de las obligaciones laborales que resultan ser necesarias para vivir y que en el caso de los amantes de la mar, casi siempre se concreta en disponer de tiempo para navegar, libremente. 
O por lo menos, dentro de los limites que te pone tu estado físico, tu salud o sencillamente, tu animo.

No hay futuro. El FUTURO, con mayúsculas se ha convertido, sin uno darse cuenta, en el presente. Ya no se pueden aplazar más las cosas y es hora de abordar la materialización de esos sueños, sin dilación ni demora.



Y yo, en eso estoy. Sin prisas, pero sin pausa iré dando los pasos necesarios para encontrar lo que busco, utilizando la navegación y el transporte publico para vivir la experiencia de encontrarme con la gente de otros lugares, los espacios hermosos y con la paz.





domingo, 22 de julio de 2018

Rumbo a Sada.

En Cedeira me quedé un día más porque el tiempo era realmente pestoso.
Espero al buen tiempo y a Jesus que me acompaña hasta Sada. hace mucho que no navego con él y la travesía , aunque corta, es satisfactoria con un viento de 25 nudos del NE que nos lleva en volandas hasta el puerto de Sada. Vamos a 8,9,10 nudos sin pestañear gozando del privilegio de poder salir el día que te conviene. Privilegio que solo dispone la gente que tiene tiempo. La gente..... como yo¡¡¡.

Siempre es un placer navegar con Jesus, sobre todo
cuando hay un poco de viento, como hoy. 



El pueblo de Cedeira es más accesible por carretera que Ortigueira. Aquí se observa una mayor actividad turística y pesquera y tanto el comercio como la hostelería estan mas desarrollados. 

La bahía es  muy abrigada y  espaciosa. No hay instalaciones para los barcos deportivos. Se ve que la presión de los pescadores es grande y no desean que parte del enorme espacio existente se dedique a la plaisance. En cualquier caso hay bastantes barcos fondeados. Barcos que suben o bajan siguiendo los sueños de sus armadores, algunos de vuelta del mediterráneo y otros que van hacía allí, entre los que me encuentro.
No cabe duda, en el sur el tiempo es mejor y las posibilidades de pasar días, semanas y meses tranquilos, son muchas, pero dudo mucho que me encuentre lugares tan hermosos como los que he conocido en las Rias Altas.






Navego con Jesus desde que tenía 16 años. Su pasión por la mar le llevó a dedicarse profesionalmente a la construcción de barcos, cosa que hizo con mucho éxito durante años. Nacido en Zumaia fue compañero de viajes por el Golfo de Gascoña y sur de Bretaña antes de marcharse a Galicia para fundar una familia. Nunca olvidaré las largas cabalgadas sobre las olas del norte ni los expresivos silencios que nos acompañaron durante mucha millas. Visitamos, con frecuencia la Bahía de Quiberon, Vannes,Belle Ille, Ille de Groix, Benodet y Concarnau, Ille de Yeu, Noirmotier y La Rochelle. Fueros años que con el North Wind pudimos descubrir la navegación y el placer de conocer lugares bellísimos accediendo por mar. Aquellas millas que hicimos juntos consolidaron una amistad que ha perdurado a lo largo del tiempo y la distancia.






Hoy es un día de reencuentro con él. Jesús a bordo del Ausart demuestra su capacidad de navegante y el amor que siempre tuvo por el mar.





Hace buen tiempo.El viento del NE sopla aquí, en el Cabo Prior con fuerza.

Llegamos a Sada pronto. Hemos pasado Prior y Priorino como una exalación. El largo dique de abrigo de Ferrol por barbor y la Ría de Betanzos, a donde vamos en nuestra proa. El viento aquí arrecia y podemos ver puntas de 30 nudos que llega por la aleta de babor con un sol esplendido.
A medida que nos introducimos en la ría la calma se va imponiendo. Sada en la Proa.

viernes, 20 de julio de 2018

Cedeira.

Salgo de la ensenada de Ortigueira sin problemas. He bajado despacio, tratando de asimilar la belleza y soledad de este entorno. Pienso en las Rías Altas y lo injustamente desconocidas que son. La poca garantía de buen tiempo las preservará de las garras del turismo invasivo y despersonalizante. El turismo es una fuente de recursos engañosa. Aparentemente beneficia-sobre todo a la hostelería-,pero a medio y largo plazo se vuelve contra los lugareños que encuentran, al poco tiempo, que todo es mas caro y sobre todo la vivienda en aquellos lugares de turismo masivo.

Aquí todavía te encuentras a gente que aspira legítimamente  a disponer de mayores recursos y a visitantes que huyen del calor y del mundanal ruido para comerse una buena ración de puntillas por 10 euros.
En Ortigueira me ha resultado especialmente barata mi visita al mercado. Las cosas de comer son baratas- sobre todo la carne de cerdo- y el pequeño mercadillo que se montó el jueves estaba lleno de cosas interesantes a muy buen precio. El holandés sabe muy bien lo que se hace.

No hay mucho viento a pesar de encontrarme en Cabo Ortegal. Atrás, por la aleta babor queda Cariño con mis buenos recuerdos. Pongo el motor.
Hacia eso de las 15:00 llego a Cederia. Allí vive Maria con su holandés errante Peter que me han invitado a cenar en su casa.
Fondeo en el medio de la bahía, junto con otros barcos de diversas nacionalidades.
Aquí estuve hace un par de años a la vuelta de Sada, con Fernando y su Macroll. Es un lugar protegido que merece la pena visitar.
Me pongo en contacto con Jesus, que vive en Sada, por si quiere venir ha hacer la etapa de Sada. Quiere.





El Cabo Ortegal y el trazado que hice hasta Cedeira. Faltó el viento pero el día fue esplendido.








La bahía de Cederia donde fondeo.


El Ausart, tranquilo, levantando imagen.


Maria y Peter que amablemente me invitaron a cenar, desde su terraza.
Vista de la bahía de Cedeira desde la terraza.

jueves, 19 de julio de 2018

Ortigeira

Ortigeira y su ensenada bien merece un apartado especial. El acceso fue bien. Un poco justo para mi gusto pero teniendo en cuenta que todavía quedaba un par de horas largas para la pleamar, el paso por la Isla de San Vicente y frente a la enorme playa de Morouzos, resultó perfecta. En el interior seguí escrupulosamente el trazado de la carta Navionics. Recodos de mucho calado se alternaban con otros de poco. las balizas ayudaban, pero no siempre ya que algunas estaban movidas y creaban confusión. En ningún momento me sentí preocupado, iba subiendo a escasos 4 nudos ayudado por la marea y si llegara a tocar, lo haría a poca velocidad y con la marea subiendo.
Poco a poco voy llegando al puerto deportivo de Ortigueira que otrora estaba gestionado por un club que desistió por desacuerdos con la Xunta. Ahora no lo controla nadie salvo un funcionario que pasa los miércoles, por si hay novedades.




















Me amarré en la "T" de uno de los pontones. La tranquilad es total y me siento feliz y satisfecho de haber llegado sin problemas. Disfruto del momento.
El pequeño puertito de Ortigueira,
Pronto contacto con un vecino holandés que vive  a bordo de su barco de 14 metros, cuya pareja Maria me pone al corriente del funcionamiento de todo. Unas cervezas mas tarde, el holandés me dice que después de haber recorrido medio mundo ha decidido que Ortigueira es el mejor sitio para pasar su jubilación y el resto de su vida.
Trato de mantener una distancia prudencial con él. Conozco a los holandeses y sé que no dan puntada sin hilo. Se porqué lo digo.


Voy al pueblo a comer algo y vuelvo pronto. Decido que voy a quedarme unos días. Este es un sitio que merece la pena conocer. Realmente la ensenada me ha impresionado y quiero verla a fondo con marea baja. 


No hubiera llegado aquí sin las cartas Navionics.
Agradecido les envio un e mail que me responden amablemente. 


Por la mañana me encuentro un puñado de cascaras de mejillón sobre el pantalan a la altura del Ausart. Maria me explica que son unas martas de la ensenada que se las comen por la noche. Me parece increíble pero tiene toda la pinta de ser cierto.

Me entero que hay un circuito que bordea a la ensenada y aprovecho la marea bajante para recorrerlo. No tiene desperdicio. El valor naturalistico de todo este ámbito, salta a la vista. La marea baja propicia que haya mucha gente mariscando. Hay aves limícolas por todo los lados y el paisaje es espectacular.









El espectacular cementerio de Ortigueira, tiene unas vistas increibles.

Con la marea baja se puede observar que el canal de transito para las embarcaciones es muy estrecho, razón por la que en cuanto te salias del trazado, el calado disminuía rápidamente.



Playa de Morouzos. Hay que atravesarla longitudinalmente para acceder a la ensenada.

Todo este entorno promete y deseo conocerlo a fondo. 

Cerca de la playa de Morouzos conozco a dos chicas madrileñas, Pepa y Gema que trabajan en el Thyssen y el Matadero de Madrid, con las que hago migas enseguida. Comemos juntos y quedamos para el día siguiente a andar por la costa que se dirige a la Estaca de Bares.


Puerto de Esposende

El banco del fin del mundo. Quizás lo llamen así porque está en el culo del mundo.
Lo cierto es que se ha convertido en un lugar de destino y un atractivo turistico,
que a decir verdad tiene mucho que ofrecer.




Mis amigas Pepa y Gema. Debo de reconocer que me ha venido bien pasear y charlar con ellas.
Quizás llevaba demasiados días haciéndolo únicamente conmigo mismo.


Al día siguiente nos dimos una buena paliza, pero mereció la pena. La visión desde tierra de esta abrupta costa, sobrecoge. Llena de rocas y farallones, la mar agitada provee de lo nutrientes necesarios para que se den bien los percebes. El día es bastante tranquilo, pero aún así, la mar llena de espuma los recovecos de las rocas.

Ortigeira es un pequeño pueblo situado fuera de los circuitos habituales del turismo. Sin embargo aquel que desee tranquilidad y un entorno natural espectacular, encontrará aquí, sin lugar a dudas un lugar lleno de encanto. Sus amables habitantes lo agradecerán.


Mañana saldré con la marea para ir a Cedeira.